El acto estuvo presidido por la Teniente Alcalde Maite Gnzález; el presidente de la Sociedad Filatélica Gaditana, Paco Velázquez, y el diseñador del tusello y vicepresidente de nuestra asociaición, Juan Antonio Casas.
También asistieron la subdelegada del Gobierno en Cádiz, Blanca del Pilar Flores y el delegado territorial de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte de la Junta de Andalucía en Cádiz, Millán Alegre.
Además de algunos filatelistas, también estuvieron en tan importante día, el presidente del Club de Emplead@s Municipales; el de la A.VV. Entre Dos Puentes Gaditanos, José Manuel Misea; el de Cádiz Ilustrada, Miguel García Díaz; el del Club de Emplead@s Municipales, José María Jaén; el de la Asociación Filatélica Chiclanera "Oda", Manuel Manzorro.
Por parte de nuestra sociedad, estuvieron l@s directiva@s: Lola Fontecha, Mari Carmen Vargas, Loli Ríos, José Ossorio, Francisco García, José E. Lasarte y Ricardo Moreno.
Por su parte, nuestro invitado, el profesor de música y autor del libro "Ruta de Falla", Antonio Flor, que hizo una espléndida disertación sobre el músico gaditano, que reproducimos a continuación (las fotos son de Ricardo Moreno, Lola Fontecha y José María Jaén):
"Erase una vez en una ciudad soñada como Cádiz y un personaje de ensueño como Manuel de Falla.
Hoy te propongo un viaje en el tiempo, mirar hacia atrás y así poder ver cómo, la fuerza de los dioses había dejado tras de sí tres estelas doradas, tres caminos que convergen en una encrucijada del alma…
La primera estela dorada la dejó el folklore más admirado por todos los músicos de todas las épocas: el Flamenco, y todo porque Manuel de Falla, fue el músico que con más belleza elevó el flamenco a música clásica.
Esta quimera ya la habían intentado una lista larga de músicos: Chabrier, Bizet, Glinka, Rinsky Korsakov, Debussy,…pero solo fue Falla el que hizo del Flamenco algo sublime.
El Flamenco que Falla vino a conocer en Cádiz fue el de los café cantantes en tiempos en los que los tres pilares del Flamenco eran Cádiz, Jerez y Sevilla. Tanto fue el amor de Falla por el Flamenco y por Cádiz, que su obra cumbre, "Amor Brujo", la ubicó en una cueva de gitanos que había en la playa de Santa María del Mar.
Mirando atrás vemos una segunda estela dorada, Cádiz como faro de dos mundos. Desde que zarpa de aquí el segundo viaje de Colón, Cádiz, cada vez más, iba a ser el puerto comercial sobre el que se apoyaban los reyes españoles para emprender sus sueños en Europa. Y así, desde que Felipe V puso la Casa de Contratación en Cádiz, esta ciudad se convirtió en un cosmopolita emporio de cultura y riqueza.
La guinda que corona este emporio de cultura y riqueza es la presencia de Manuel de Falla, hijo de aquellos valientes comerciantes que arribaron a Cádiz al impulso del XVIII.
Ya para terminar, miramos atrás y vemos la tercera estela dorada que converge en nuestro cruce de caminos: el Mundo Antiguo Gaditano.
A continuación, enumero los vínculos de Falla con este Mundo Antiguo Gaditano.
Ya desde el Siglo I Estrabón, el historiador griego, nos cita las columnas de Hércules en el estrecho de Gibraltar. Por otro lado, algunos de los trabajos de Hércules suceden en Tarsis, nuestra tierra gaditana, y, finalmente, Platón en su Diálogo Critias, nos habla del Mito de la Atlántida y ubica expresamente uno de sus lindes en el Islote de Sancti Petri. Así pues, con estos ingredientes del Mundo Antiguo Gaditano: Hércules, la Atlántida, Sancti Petri,… acomete Manuel de Falla su obra póstuma e inacabada, “La Atlántida”, una pieza musical que le tuvo enredado casi veinte años para dejarla inconclusa.
Así pues, estos tres caminos, estas tres fuerzas, desembocaron en una encrucijada del alma, ruleta en la que se juega al todo o al nada. Eso es así porque el fruto precioso de la figura de Falla entre nosotros, más que en su excelsa obra, está en su vida, en su pose, en el trance final que le tocó vivir y os cuento: Falla anduvo sus últimos años de vida herido de muerte. Había triunfado en media Europa con obras maravillosas, pero que no aportaban una moraleja, una enseñanza, un legado poético de trascendencia. Y sentía que quizás había ganado al público, pero no a su alma.
De esta manera anduvo durante estos veinte últimos años persiguiendo una obra magna, que tuviera un profundo mensaje. Esta obra inmortal sería su “Atlántida”. La Atlántida nos hablaba de un pacto de armonía entre los atlantes y los dioses, pacto que al quebrarse solo dejó desolación. Esa era la soñada moraleja, la idea del pecado, la idea de que ni el mal ni el bien nunca salen gratis. Sin embargo, Falla murió dejando esa obra magna inconclusa, aunque a cambio, quizá llegó a comprender que el alma, más allá de conquistarse con grandes hazañas, se gana en el ámbito de nuestro mundo diminuto, en las pequeñas cosas de la vida, en lo cercano.
Pero la divina carambola de todo esto, es que la vida de Manuel de Falla transcurre de modo paralelo a la de Pelayo Quintero Atauri. Un arqueólogo de Madrid, que viene a Cádiz, espoleado por la sutil intuición de que hallaría el sarcófago fenicio de la Dama de Cádiz.
Al igual que Falla, Pelayo empleó toda su existencia y sus esfuerzos en encontrarlo y solo al morir, transcurridos los años, apareció el sarcófago que tanto buscó, en los cimientos del chalé que habitaba en la calle Parlamento.
Nos pasamos la vida buscando la felicidad en altos logros, ardiendo en sueños que nos consumen, como le pasó a Pelayo, o a Falla, sin darnos cuenta de que la felicidad es más sencilla y suele estar más cerca. Las verdaderas batallas se dan en el corazón de una persona. Y solo en las pequeñas luchas de nuestro mundo pequeño mundo diminuto, es nos espera el laurel de la paz interior, allí están los confines del Reino prometido.
Falla y Pelayo compartieron destino, pero también holocausto, muriendo casi a la vez, con diecisiete días de diferencia. Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente, faro de dos mundos, baluarte que sostuvo los sueños imperiales de los reyes españoles, volvió otra vez a catalizar sueños de grandeza, los de Falla y Pelayo, en una aventura que acabó dejándonos una bellísima enseñanza: El secreto de la felicidad está en convertir las pequeñas cosas de la vida en un diálogo de amor."





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